Frédéric Thomas, referencia francesa en Agricultura de Conservación

Diego Banzo Usieto - Departamento Técnico de AGRACON

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Frederic Thomas es un Ingeniero Agrónomo francés con una visión muy clara de la gestión del suelo. El pasado año estuvimos con él en Niort dónde se celebró una jornada de campo sobre Técnicas Culturales Simplificadas. Aprovechando su presencia en la VIII Jornada Aragonesa de Agricultura de Conservación que AGRACON organiza este año en Tauste (Comarca de Las Cinco Villas) el próximo 2 de octubre deseamos que conozcáis un poco más a éste innovador de la agricultura actual.

LA INGENIERÍA ECOLÓGICA, UN ENFOQUE INNOVADOR

En Gault, su explotación de Sologne, en Dhuizon, Frédéric Thomas experimenta nuevas prácticas partiendo de las técnicas de cultivo simplificadas (TCS). Su enfoque se basa en tres pilares : la limitación del trabajo del suelo, la cubierta vegetal casi permanente y la adopción de rotaciones coherentes, incluyendo, si es posible, una leguminosa. “El altramuz, el guisante de invierno y el haba son mediocres. La soja podría ser la elección adecuada. Intento también hacer asociaciones entre dos plantas”, dice F. Thomas.

Sus experimentos merman sus ingresos pero sus márgenes netos siguen siendo más que aceptables, puesto que van de 100 a 150 €/ha, según sea buen o mal año, para 110 ha. “Mis pruebas son necesarias para progresar. Mi finca no ha alcanzado todavía su estabilidad”, explica el agricultor.

El cerealista obtiene sus resultados contables disminuyendo las pasadas del equipo y los insumos, y eso obteniendo cosechas que equivalen a las de los buenos agricultores convencionales de la región : 5000 kg/ha en trigo, 4500 kg/ha en triticale, 2000 kg/ha en mijo y 7000 kg/ha en maíz. “Es necesario reducir los gastos, pero también es necesario aumentar los rendimientos, trabajando en la mejora del suelo”, advierte el agricultor.

CONDICIONES DESFAVORABLES

“El arriendo de 37 €/ha que pago refleja el bajo potencial de rendimiento de las tierras de mi finca”, subraya el agricultor. Los suelos son arenas lixiviadas y las parcelas son muy heterogéneas, con un porcentaje de arcilla que va del 9 al 65 %. En invierno, los campos están encharcados y en verano, paradójicamente, se secan muy rápido. “Si las TCS triunfan aquí, se pueden aplicar en cualquier sitio”, sostiene F. Thomas. ”El débil potencial de mis parcelas es un desafío. Todo error se paga, pero las prácticas favorables conducen rápidamente a una mejora de resultados. Eso es particularmente visible, este verano, para el maíz”.

TRATAMIENTOS AL SUELO E INSUMOS REDUCIDOS

El centro de la acción del agricultor es la obtención de un suelo de calidad, una condición necesaria para practicar las TCS. Su prioridad es la materia orgánica (MO), garante de una estructura de calidad, de una composición química equilibrada y de una actividad biológica intensa. La conservación de las pajas y la simplificación del trabajo son una primera etapa. “La segunda consiste en la implantación sistemática de cubiertas vegetales”, dice F. Thomas, durante los intercultivos largos, entre un cereal de paja y un cultivo de primavera, pero también durante los cortos, por ejemplo, entre un trigo y un triticale. Además de producir materia orgánica, esta práctica estructura el suelo, gracias a las raíces, y hace más profundo el espesor explotable, secando las arcillas del fondo. Por su parte, el reciclaje de los elementos minerales y la producción de nitrógeno permiten reducir la factura de los abonos. A este respecto, pasando de las cubiertas clásicas a las mezclas “biomax”, el agricultor ha visto cómo su producción de materia seca subía de 2,5 a 7 t/ha. Como ejemplo, un análisis de la biomasa aérea de la mezcla de 14 especies, implantadas en 2005, después del trigo y antes del maíz, ha dado la composición siguiente por hectárea : 160 unidades de nitrógeno, 150 de potasio, 25 de fósforo, 80 de CaO, 10 g de magnesio, 20 g de cobre, 220 g de cinc y 140 g de boro. “Mi objetivo es llegar a 10 t de MS/ha, con un contenido de nitrógeno de 200 kg/ ha. Para el maíz, esto significaría que sólo una fertilización starter sería útil”, confiesa el agricultor.

En su búsqueda de carbono, F. Thomas aporta todavía, desde 2001, 10 t/ha y año de compost de desechos verdes, a razón de 30 t cada tres años, por un coste medio de 100 €/ha y año. “Es una inversión, nos confiesa. Esto reemplaza mi abonado de fondo así como el encalado, y además, tengo materia orgánica junto con una recarga de oligoelementos, preciosa en estos suelos arenosos y lixiviados”, comenta el productor de cereales. Los resultados están ahí : la tasa de MO ha pasado de 0,8-1,5 % a 2,5-3,5 %.

UN ENFOQUE GLOBAL

Las cifras no son los únicos indicadores usados por el agricultor. “Al lado de los rendimientos y del carburante consumido por hectárea, los partidarios de las TCS calculan todas sus intervenciones teniendo en cuenta el conjunto de una rotación, subraya el cerealista. El seguimiento también se hace mucho mirando el estado de las plantas y del suelo, a ojo”.

Los cultivos de primavera y el desarrollo de cubiertas vegetales confirman visualmente la mejora del suelo y el desarrollo de lo que F. Thomas llama la “reserva de autofertilidad”. La diferencia es menos visible para los cultivos de invierno, castigados por el exceso de humedad, “pero ya llegará el momento de poner a punto las técnicas adecuadas”, afirma el agricultor.

Las TCS exigen más reflexión que los métodos convencionales. “Mi experiencia y mi pericia vienen del trabajo en Sologne pero también de mis experiencias en EE. UU., Alemania y Australia, de 1982 a 1991, cuenta F. Thomas. Además, intercambio muchas impresiones con otros partidarios de las TCS. Para desarrollar el cultivo de la soja, por ejemplo, me apoyo en los conocimientos de mis colegas franceses”.

INGENIERÍA ECOLÓGICA

En Gault, los herbicidas no se usan más que en su forma convencional. Nueve años después de su instalación, el agricultor recurre relativamente con poca frecuencia al sulfonylurea para los cereales. Incluso para escardar su mijo, no usa más que un ligero glifosato, en preemergencia, y un 2-4 D, en postemergencia.

En cuanto a los insecticidas y las antibabosas, sus prácticas son todavía más extrañas : no los ha vuelto a aplicar desde hace siete años. “Mis campos constituyen un verdadero agrosistema (expresión abreviada de agro-ecosistema). La actividad biológica del suelo y de los auxiliares proporciona una gran parte del control, sin que esto me cueste ni un euro. Esta conducta no está exenta de riegos y requiere anticipación y aprendizaje, pero es válida”, explica F. Thomas. Siguiendo en esta área, ahora trabaja en la reducción de los fungicidas.

Las TCS no son más que una puerta de entrada hacia ese enfoque más grande que es la agricultura de conservación”, dice el agricultor. “Mi acción se apoya en el uso de un nuevo insumo : la “ingeniería ecológica. La próxima etapa es la integración de la noción de ciclo en nuestros razonamientos. Algunos insumos no están disponibles en cantidades ilimitadas, así que es necesario reciclar todo lo que es posible”.


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